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Página 1 de 2 Autor: Marc I. Ehrlich Sobre Marc: Licenciatura y doctorado en psicología por la Universidad de Austin, Texas; columnista del periódico "The News" (México); se dedica a la práctica privada de psicoterapia y cursos de relaciones personales. Fuente: Ararú
Lograr la aceptación social, más que una habilidad, es un arte. Aun cuando hay ciertos comportamientos que los niños pueden desarrollar para integrarse mejor, la fórmula para lograr una aceptación social plena sigue siendo un misterio.
Todos los niños necesitan amigos. Gracias a la amistad podemos reconocer el valor del compañerismo, aprendemos a compartir y a respetar lo que es de cada uno, nos sentimos parte de un grupo y desarrollamos un sentido de independencia y confianza. Los amigos de la infancia son el primer eslabón en una serie de relaciones interpersonales que, eventualmente, conducirá al niño desde su núcleo familiar a la construcción de su propia familia.
Tener un mejor amigo es especialmente importante para que cada quien encuentre su lugar en este mundo. El ser aceptado por otros hace que el niño se sienta importante, poderoso y admirado; ingredientes básicos para la autoestima y la confianza.
Las amistades durante la infancia también proporcionan al niño un espacio dónde expresar sentimientos y conflictos. El juego da a los niños la oportunidad de resolver algunos de los conflictos emocionales que viven como amenazantes.
Hay muchas razones por las que un niño puede sentirse reprimido en cada y jugar con sus amigos le da la oportunidad de expresar sus sentimientos libremente: por ejemplo, si el niño siente que sus padres son demasiado duros quizá reproduzca esa conducta ante su grupo de amigos. Durante el juego, él será el doctor, el padre o elegirá representar alguno de los personajes más agresivos y dominantes de la tele; de esta manera, el niño compensa la actitud pasiva que asume ante sus padres. Sin esta oportunidad, los niños tendrían que enfrentar sus emociones solos y esto es algo que muy pocos pueden resolver de manera exitosa.
La falta de amigos puede ser devastadora durante la niñez y la adolescencia. No tener alguien en quien confiar de manera incondicional, alguien que sabes que te apoyará siempre, puede hacer que el niño se sienta "defectuoso". Esto terminará por lesionar la autoestima del niño y sumirlo en la soledad. Crecer solo interfiere con el aprendizaje social del niño y niega una parte fundamental de su personalidad.
Las amistades de la infancia son funcionales y prácticas. Los niños que pueden convivir juntos, permanecen juntos. Los niños que tienen habilidades físicas, buscan a otros a los que les guste el deporte; los que se inclinan por las actividades artísticas, formarán un grupo con sus pares. Los relajientos tendrán una buena camaradería entre sí mientras que los niños que no hallen un grupo generalmente se aislarán.
Ningún niño es predecible. A veces los niños que tienen intereses comunes (el deporte) enfrentan rivalidades (ser capitanes del mismo equipo). Hay amistades que se dan porque tenemos a la gente cerca, me refiero a vecinos o compañeros de clase; es muy raro que los niños hagan amistad con chicos de otras colonias o miembros de otro salón. También hay amistades que se crean por los hábitos de vida cotidiana (el mismo club, clases fuera de la escuela) y otras se dan entre grupos de la misma clase social o nivel cultural.
Es importante que los padres comprendan que no hay un criterio universal para determinar el número de amigos que debe tener un niño o lo que constituye una buena amistad. Los padres deben estar conscientes de las proyecciones que hacen de su propia personalidad cuando interfieren en las amistades de sus hijos. Si los padres tienen una actitud extrovertida, por ejemplo, querrán que sus hijos sean tan sociables como ellos, pero si su hijo es por naturaleza tímido o introvertido, deben aceptarlo y no preocuparse innecesariamente. << Inicio < Anterior 1 2 Siguiente > Fin >> |