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Página 1 de 2 Fuente: El Universal (Guayaquil, Ecuador) Fecha: 17 de enero 2010
Entre analistas de selección o ejecutivos encargados de contratar personal para las empresas o industrias es muy común la repetición de la frase “son bastante peleados”, cuando narran sus experiencias de lo que ha sido la contratación de discapacitados.
La repite la mayoría que, además, reconoce que ha contratado discapacitados porque debe cumplir con la ley que, hasta este año, exige que el 4% de enrolados fijos en todas las entidades que tienen más de 25 empleados sea de ese grupo.
Según el Servicio de Integración Laboral (SIL) para personas con discapacidades, hasta ahora han instruido a 3.452 personas de las 5.544 candidatas que se han registrado en Pichincha, Manabí, Guayas, Los Ríos, El Oro y Azuay, consideradas las seis provincias con mayor desarrollo empresarial del país.
Xavier Torres, director nacional de ese programa, cuenta que hasta el momento se ha insertado al mercado laboral a 2.700 personas, que han sido enroladas en 1515 empresas del sector privado, 66 entidades públicas y 18 instituciones mixtas.
Los encargados de recursos humanos destacan también que casi todos los discapacitados son muy colaboradores y responsables, tienen un excelente rendimiento. “En KFC, por ejemplo, cada mes tenemos que elegir a los mejores empleados y casi siempre sobresalen los discapacitados”, comenta Magdalena Martínez, encargada de la contratación de personas para Int Food Services C., que cuenta con 1.900 enrolados en Guayaquil, donde administra más de diez firmas comerciales que expenden comidas rápidas.
Para esas compañías, agrega Magdalena, no ha sido tan complicado cumplir con la contratación de discapacitados establecida, porque desde el año 2000 trabajan con la Fundación Jacinta y Francisco, que les remite personas “y, sin importarnos la edad, si las necesitamos, las contratamos”.
Un caso similar experimenta la fábrica de plásticos Plapasa. Ahí tienen 122 empleados, por lo que necesitan cuatro personas. Al momento cuentan con tres, uno con discapacidad auditiva y dos con problemas físicos. Uno de ellos es Luis Guamán, joven de 26 años que en el 2001 perdió la pierna derecha tras ser atropellado por una camioneta en la vía a Daule. Entonces era guardia de una entidad que daba seguridad a la misma productora, en la que desde el 2008 firmó contrato fijo, otra de las exigencias de la nueva ley.
Sin embargo, KFC y Plapasa son parte de la excepción en este proceso de contrataciones, pues otras ¬como algunas instituciones bancarias, que necesitan personas con un mejor perfil¬ no han podido llenar vacantes o se han visto obligadas a crear cargos a veces innecesarios. “Nos hemos visto limitados a colocarlos (a los discapacitados) en áreas operativas, lo que significa no cubrir las plazas que uno necesita llenar en la empresa”, comenta Adriana Cervantes, jefa de Recursos Humanos de la Corporación Maxigraf.
Segundo Paredes, jefe de Recursos Humanos de Difare, que agrupa a varias firmas de farmacias, cuenta que en esa entidad han tenido que crear ciertas posiciones orientadas a una necesidad (cumplir la ley). Cree que, por ejemplo, no es fácil ubicar en atención al cliente a discapacitados físicos, pues “hay gente impaciente que reniega si no la atienden rápido”, refiere.
George Karoba, gerente de planta de Tecnova, productora de las baterías Bosch, reconoce que al principio sí hubo cierta preocupación. Creyó que podría afectarse la productividad, pero esa duda se ha desechado. “Son personas muy responsables”, dice. Su opinión es sustentada por Mariela Álvarez, gerente de Recursos Humanos del Grupo Berlín que regenta a Tecnova, quien recalca: “Los discapacitados auditivos se concentran mucho en su trabajo porque no se entretienen con ruidos y pueden producir más de lo indicado”.
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